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Informe PISA (Programe International Students Assessment)
de CDL Madrid - Wednesday, 23 de January de 2008, 12:56

 
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PROGRAMME INTERNATIONAL STUDENTS ASSESSMENT (PISA)

 

Es natural que los datos del informe PISA-2006 sirvan como indicadores fiables de las situaciones educativas en los países, pero en casi todos los casos no hacen más que ratificar lo que los profesionales de la educación sabemos por nuestro trabajo día a día en las aulas.

Entre las sorpresas negativas vistas desde fuera, que desde dentro no las hay, destaca el fuerte descenso de la calidad de la educación en Francia y los más leves, pero significativos, de Suecia y el Extremo Oriente (Japón, Corea y Macao).

Entre las positivas, Finlandia, porque se separa aún más en la cabeza de la distribución, y Canadá, Alemania y Austria, por su asentamiento y avance de posiciones. España necesita mejorar, pero no mejora.

En el informe PISA-2003 nuestro puesto era el 26 de 40 –Escala de Ciencias–, en el del 2006 nuestro puesto es el mismo, 26 de 40. También es verdad que en España se dan fuertes diferencias: Castilla y León y la Rioja quedarían hacia el puesto 10 de los 40, pero Andalucía sería el 34 y la sorpresa más negativa es la de Cataluña, que queda al final de la distribución solo por encima de Andalucía, lo que supone un fuerte descenso a partir de los indicadores PISA-2003.

Conocidos los datos de España, se han hecho análisis desde diversos enfoques y perspectivas y, como es frecuente que en nuestro país pase, y más en época preelectoral, todo se ha usado, manipulado, acercando las ascuas a las propias sardinas, y se han dicho cosas pintorescas.

Los profesionales de la educación, los que no compartimos disciplinas sociales distintas a nuestra deontología profesional, libres y objetivos por constituir la educación gran parte de nuestra vida y saber de ella más que nadie, tenemos algunas explicaciones que bien pudieran orientar acciones venideras, aunque somos muy pesimistas y nuestra esperanza se dilata en el tiempo sine die, por desgracia.

La primera de ella es aceptar las cosas como son, no querer con falsedad cambiarlas, no buscar culpables –cosa inútil– y menos pretéritos. Buscar causas, en cambio, sí, y, apoyados en la realidad, programar escalones viables de superación.

En estos escalones hay que imprescindiblemente tener en cuenta el pesado lastre negativo de los actuales agentes políticos, gobierno y oposición. Es decir, ser conscientes de que el progreso es muy difícil, pero no imposible porque la sociedad civil lo necesita y lo quiere.

La segunda, consecuencia de la primera, vuelve a ser aceptar las cosas como son y no pedir peras al olmo. La sociedad española hoy está desequilibrada, el individuo niño o joven no tiene referencias consistentes de escalas de bienes y valores: ni en la familia, ni en los medios de comunicación, ni mucho menos en la cosa pública, puede apoyarse para orientar su conducta y su vida.

Muchas familias se desintegran por la intolerancia o el egoísmo de sus miembros, los medios de comunicación promueven todo menos orden y disciplina intelectual y los políticos dan el más nefasto ejemplo que pueda darse de agresividad y despotismo partidista.

Es milagroso que el Sistema Educativo logre algo de orden y disciplina intelectual en nuestros jóvenes y ¡lo logra! Al fin y al cabo estamos sólo un poco por debajo de la media en la distribución PISA-2006. A pesar de que los adultos, la organización del país, los partidos políticos, deberemos, sin duda, andar por la cola.

¿Cómo se va a pretender homogéneamente en la sociedad, por ejemplo, que un niño llegue a casa desde el centro educativo, se encuentre solo (sus padres ya llegarán, si ese es el caso) y se ponga ordenadamente a estudiar y hacer los deberes? Tiene a su disposición la casa, la televisión, el ordenador, sus juegos electrónicos, el frigorífico, el teléfono –fijo y móvil–, tiene a su disposición la calle con sus amigos…

Quizá no se encuentre solo físicamente, pero por desgracia casi es igual; la lejanía, la falta de integración, la dispersión de preocupaciones a gran distancia de lo primario del núcleo familiar, lo dejan igualmente solo.

Al decir por ejemplo no se cuantifica, pero lamentablemente lo negativo de la situación descrita abunda mucho más de los que nos gustaría. El defecto de vida familiar por la necesidad de trabajar padre y madre y los procesos de disgregación por separaciones y divorcios, se agravan con la superficialidad y la asunción de contravalores de los medios de comunicación: violencia, agresividad, sexo sin afecto ni compromiso, dinero fácil, logros sin esfuerzo.

La falta de respeto de los políticos españoles a los ciudadanos pone la guinda en el pastel envenenado que servimos a nuestros jóvenes. Los políticos normalizan la agresividad, la mentira, el usar todos los medios para hacer daño al contrario, que debería ser compañero… ¡Qué lejos está el compromiso deontológico de poner el bien común por encima de todo!

Su ejemplo lleva a muchos de nuestros jóvenes a integrismos políticos e ideológicos que por desgracia desembocan en sus cabezas y corazones en infiernos de violencia.

En resumen, nos felicitamos porque el Sistema Educativo español está muy por encima de lo que es nuestra sociedad en estos momentos.

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