El día 1 de
octubre, el químico Miguel Ángel Alario ha ocupado su cargo como
presidente de la
Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Para la ocasión no
ha habido ningún acto especial, porque como nos cuenta el propio
científico, "no hay ninguna toma de posesión ni nada solemne, y eso que es
la cuarta academia más antigua de toda España. Simplemente se llega al
despacho, se sienta uno en el sillón y comienza a trabajar".
La forma de
elección de presidente tampoco es de las habituales, porque en esta
Academia no hay candidaturas ni nadie se presenta para el cargo de
presidente, sino que es elegido entre todos los académicos. Esta elección
hace que el nombramiento sea "un honor y una satisfacción todavía mayor,
porque eso quiere decir que creen en uno".
Miguel
Ángel Alario compaginará su nuevo cargo con su actividad docente como
catedrático en la Facultad de Químicas, con la dirección de un grupo de
investigación y con su asistencia a congresos. Reconoce que tendrá que
trabajar más y dormir un poco menos, aunque también piensa apoyarse en los
presidentes de las tres secciones en las que está dividida la Academia.
Cuenta
Alario que la Academia se creó como un órgano asesor del gobierno en la
época de Isabel II, pero han sido pocos los que lo han usado para ese
cometido inicial. Una de sus intenciones como presidente es que sea una
institución más visible y conseguir que tenga un cierto peso científico y
que al menos se les consulte cuando se vayan a tomar decisiones políticas
relacionadas con la ciencia. En definitiva, que la Academia "sea más útil
para la sociedad".
Para ello
continuarán con sus ciclos de conferencias tanto en la propia Academia
como las que se imparten por toda España. Frente al actual recorte
presupuestario, Alario considera que habrá que buscar dinero entre
instituciones y empresas que estén dispuestas a apoyar la ciencia. Algo
básico para cambiar el modelo económico, "ya que sólo con ladrillos y
hoteles no hay futuro".