BOLONIA
Información, problemas y ¿soluciones?
El 19 de junio
de 1999 los Ministros de Educación de la Unión Europea suscribieron la
Declaración de Bolonia, a la que se unieron después hasta 46 países. La
Declaración supone un compromiso sin valor legal vinculante, lo que
conlleva que la aplicación esté siendo muy desigual e introduzca, como
consecuencia, muchas dificultades en el pretendido espacio “homogéneo”
europeo de educación superior.
Se intenta que
la implantación en los 46 países se inicie en el curso 2010-2011.
Los
objetivos básicos
- Crear el Espacio Europeo
de Educación Superior, EEES.
- Adoptar un sistema de
titulaciones compatibles y comparables.
- Promover la movilidad,
tanto de los alumnos, como de los titulados, dentro del mercado laboral
europeo.
- Mejorar la capacidad de
obtención de empleo de los titulados.
- Incrementar la
competitividad del sistema europeo de educación superior.
- Elevar el grado de
atracción mundial hacia la educación superior europea.
Los
medios
- Adopción de un sistema
basado en dos ciclos fundamentales. El primero con una duración mínima de
tres años, aunque en España se ha apostado casi en general por los cuatro
años, el grado, y el segundo, el máster, que podrá ser de uno o dos años.
El
grado proporciona el nivel adecuado de cualificación para incorporase al
mercado laboral europeo.
El
máster, con una mayor especialización, conducirá al grado de maestría.
- Desarrollo del
aprendizaje a través de un sistema de créditos, que incluso pueden
obtenerse fuera de las instituciones de educación superior en prácticas
reconocidas.
- Reconocimiento y
valoración a los docentes de periodos de estancia en instituciones de
investigación, enseñanza y formación europeas.
- Desarrollo de
metodologías pedagógicas comparables.
- Independencia y autonomía
de las universidades para que los sistemas de educación superior e
investigación se adapten continuamente a las necesidades cambiantes, a
las demandas de la sociedad y a los avances científicos.
- El cumplimiento de los
objetivos previstos se mide en los llamados créditos europeos o ECTS (European
Credit Transfer System). Un crédito ECTS supone de 25 a 30 horas de
trabajo del estudiante y cada curso constará normalmente de 60 ECTS en
total.
- Se establecen nuevos
sistemas pedagógicos y procedimientos de evaluación de la calidad y del
cumplimiento de los objetivos cada seis años para mantener la acreditación
de los títulos.
- Se reconoce amplia
libertad a las facultades para fijar los planes de estudio sin exigir a
priori mínimos comunes.
Los
problemas
Los
problemas que se plantean son de toda índole, no siendo menores los
económicos. La aportación actual de los estudiantes en la Universidad
Pública Española no pasa del 12 por 100 de sus presupuestos y esa
proporción es posible que se mantenga en el nivel grado, pero el máster
obligará a desembolsar de 6000 a 18000 € por alumno y curso, lo que supone
un esfuerzo muy difícil de cumplir.
Además hay que
incrementar el número de aulas, reducir su capacidad actual, reducir la
ratio alumnos/profesor, disponer de un despacho individual por profesor
para su uso en tutorías individualizadas, disponer de salas de trabajo y
reunión con alumnos… No es leve el problema económico.
La necesidad
de armonizar las interacciones entre grado y máster no parece ser tenidas
en cuenta y plantean problemas graves de movilidad europea. Un estudiante
español que haya superado los 180 créditos ECTS debe poder realizar un
máster de 120 créditos en otros países con organización 3+2 (3 cursos de
grado y 2 de máster) y recíprocamente. Pero si el estudiante español ha
finalizado un grado de 4 años debería poder realizar un máster de solo 1
año en otro país, aunque éste tuviera la organización 3+2, considerando
los 60 ECTS de un año del grado como del máster. Y es solo un ejemplo.
La misma
virtud de la autonomía universitaria se transforma en problema sin
solución y grave pecado sin perdón para los detractores de “Bolonia”:
¿cómo se van a parecer y a facultar para ejercer profesionalmente en toda
la U.E. unos estudios realizados en Almería. Oviedo o Salamanca con otros
en Bolonia, Coimbra o Lovaina, si resulta que ya los españoles no se
asemejan apenas entre ellos? Este problema sí tiene solución, aunque sea a
largo plazo: la libre competencia, el libre mercado de servicios
profesionales.
El riesgo de
mercantilización de la Universidad, augurado por algunos, no parece ser
próximo y, si las empresas estimulan la formación de los científicos y
técnicos que necesita el moderno desarrollo económico de la sociedad, no
puede juzgarse de mercantilismo, ni como negativo.
Quizá el
problema más grave con que tropieza “Bolonia” sea la natural resistencia
al cambio, sin despreciar otros, evidentemente más objetivos. El cambio
más significativo es el metodológico. Hasta ahora se había atribuido un
peso muy relevante a la clase magistral y “Bolonia” intenta sustituirla
parcialmente por un nuevo modelo en el que ya no prima tanto la
explicación completa y sistemática de las materias, sino que deja un
espacio notable al acercamiento personal a la ciencia, hasta tal punto
que, de las aproximadamente 30 horas de cada crédito ECTS, solo 10 se
plantean como lectivas siendo el resto trabajo del alumno, no simplemente
de estudio tradicional sino también de elaboración de contenidos y de
responsabilización de cada uno de su presencia en la Universidad. Se
estima que el trabajo del alumno, dedicado a su formación, ha de ser del
orden de 40 horas semanales, igual que el trabajo de cualquier persona en
otras actividades sociales.
Unido al
anterior problema está la fuerte resistencia de muchos profesores a
aplicar en la enseñanza superior los cambios metodológicos que dicen ya
han fracasado en la secundaria y que son culpables de la caída del nivel
educativo y de la preparación científica de los alumnos que llegan a la
Universidad. Sin despreciar estas críticas hay que caer en la cuenta de
que los cambios de métodos en la enseñanza no se han originado dentro de
los sistemas educativos, han sido exógenos e impuestos por la evolución
social. La educación, como parte inexcusable de la sociedad, ha tenido que
adaptarse para poder conectar, motivar y ser aceptada. El profesor, que
intenta hoy mantener la clase magistral como único recurso pedagógico,
tiene el fracaso asegurado; como el sistema educativo, que se aleje
significativamente en sus escalas de valores y bienes y en sus modelos de
hombre, de lo que prima actualmente en la sociedad igualmente está
condenado al fracaso. La educación puede promover escalones de superación,
pero viables socialmente.
Otro problema,
que quizá no es problema pues se constituye como artificio en la “lucha
contra Bolonia”, es la presunta privatización de la Universidad. La
Universidad va a ser mucho más cara, eso sí, pero tanto en el sector
público como el privado. Los gobiernos y las familias tendrán que dedicar
más dinero a la formación de los estudiantes, pero, si esto favorece a
algún sector, será al público que siempre podrá ofrecer en mejores
condiciones económicas sus grados y master. Solo se verá favorecido el
sector privado cuando la calidad de su oferta supere a la pública y eso
solo se puede juzgar como bueno en un marco de saludable competencia.
El máster de Profesor
Uno de
los cambios más significativos que introduce “Bolonia” es la exigencia de
formación para ser profesor: cualquier titulación universitaria de grado y
el máster de Profesor de Educación Secundaria, Primaria o … ¿Es un
problema? Sí, todo cambio es un problema, es renunciar a un algo que se
considera propio, para aceptar otro ajeno, es un sacrificio de parte de un
yo más o menos constituido, más o menos individual o colectivo, para
integrar otra parte nueva. Y más cuando ese elemento nuevo es más costoso
en esfuerzo y en dinero. El CAP costaba unos 300 € y muy poco trabajo; el
máster va a costar como mínimo 6000 € y 60 créditos ECTS, cada uno de al
menos 25 horas de trabajo, aunque una licenciatura era de cinco años y un
grado solo de tres o cuatro…
Sin embargo,
con las correcciones necesarias de los planteamientos iniciales, el Máster
de Profesor es un acierto. Si los profesores exigimos a la sociedad una
mejor consideración, debemos empezar por exigirnos una formación acorde
con nuestros deseos profesionales de constituir la mejor función
profesional que puede haber, la de educadores, la de facilitar el
crecimiento integral de hombres y mujeres, la de ayudar a buscar lo bueno
y verdadero, la de guiar a nuestros alumnos parar encontrar el camino de
su autonomía como ciudadanos. Y para eso hay que saber mucho más que
matemáticas o lengua; hay que saber ser profesor.
Igual que el
facultativo de la salud es el médico y se le respeta, considera y acepta
es sus diagnósticos y terapias, el facultativo de la educación es, tiene
que ser, el profesor con el mismo tratamiento social, que debe ganarse
cada uno, y también colectivamente, en coherencia con formación y
funcionalidad profesional.
Pero un
profesor, por excelente que sea, no puede ser profesor de “nada” y tiene
que tener una formación científica adecuada, por lo que el máster tendrá
que equilibrar sus 60 créditos ECTS entre contenidos específicos y
tratamientos pedagógico-didácticos, cosa no clara en estos momentos.
Desde el
Colegio hemos ofrecido a todas las facultades, que programan este máster
de Profesor, impartir los créditos correspondientes a la deontología
profesional e incorporación a la vida activa laboral.
Creemos, en
resumen, que el proceso de Bolonia es una oportunidad de la Universidad
Europea y Española para volver a tener el prestigio y a servir como lo
hizo desde sus orígenes.