PLAN BOLONIA, EN LA RECTA FINAL

Se acerca 2010, la fecha marcada por la Unión Europea para adaptar nuestras titulaciones al nuevo Espacio Europeo de Educación Superior. Desde el Colegio de Doctores y Licenciados de Madrid el reto es una oportunidad para que la enseñanza superior vuelva a tener el prestigio que tuvo y servir como lo hizo desde sus orígenes.
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Editorial abril 2009

BOLONIA
Información, problemas y ¿soluciones?

            El 19 de junio de 1999 los Ministros de Educación de la Unión Europea suscribieron la Declaración de Bolonia, a la que se unieron después hasta 46 países. La Declaración  supone un compromiso sin valor legal vinculante, lo que conlleva  que la aplicación esté siendo muy desigual e introduzca, como consecuencia, muchas dificultades en el pretendido espacio “homogéneo” europeo de educación superior.
            Se intenta que la implantación en los 46 países se inicie en el curso 2010-2011.

Los objetivos básicos

- Crear el Espacio Europeo de Educación Superior, EEES.
- Adoptar un sistema de titulaciones compatibles y comparables.
- Promover la movilidad, tanto de los alumnos, como de los titulados, dentro del mercado laboral europeo.
- Mejorar la capacidad de obtención de empleo de los titulados.
- Incrementar la competitividad del sistema europeo de educación superior.
- Elevar el grado de atracción mundial hacia la educación superior europea.

Los medios

- Adopción de un sistema basado en dos ciclos fundamentales. El primero con una duración mínima de tres años, aunque en España se ha apostado casi en general por los cuatro años, el grado, y el segundo, el máster, que podrá ser de uno o dos años.
El grado proporciona el nivel adecuado de cualificación para incorporase al mercado laboral europeo.
El máster, con una mayor especialización, conducirá al grado de maestría.
- Desarrollo del aprendizaje a través de un sistema de créditos, que incluso pueden obtenerse fuera de las instituciones de educación superior en prácticas reconocidas.
- Reconocimiento y valoración a los docentes de periodos de estancia en instituciones de investigación, enseñanza y formación europeas.
- Desarrollo de metodologías pedagógicas comparables.
- Independencia y autonomía de las universidades para que los sistemas de educación superior e investigación se adapten continuamente  a las necesidades cambiantes, a las demandas de la sociedad y a los avances científicos.
- El cumplimiento de los objetivos previstos se mide en los llamados créditos europeos o ECTS (European Credit Transfer System). Un crédito ECTS supone de 25 a 30 horas de trabajo del estudiante y cada curso constará normalmente de 60 ECTS en total.
- Se establecen nuevos sistemas pedagógicos y procedimientos de evaluación de la calidad y del cumplimiento de los objetivos cada seis años para mantener la acreditación de los títulos.
- Se reconoce amplia libertad a las facultades para fijar los planes de estudio sin exigir a priori mínimos comunes.

            Los problemas

Los problemas que se plantean son de toda índole, no siendo menores los económicos. La aportación actual de los estudiantes en la Universidad Pública Española no pasa del 12 por 100 de sus presupuestos y esa proporción es posible que se mantenga en el nivel grado, pero el máster obligará a desembolsar de 6000 a 18000 € por alumno y curso, lo que supone un esfuerzo muy difícil de cumplir.
            Además hay que incrementar el número de aulas, reducir su capacidad actual, reducir la ratio alumnos/profesor, disponer de un despacho individual por profesor para su uso en tutorías individualizadas, disponer de salas de trabajo y reunión con alumnos… No es leve el problema económico.
            La necesidad de armonizar las interacciones entre grado y máster no parece ser tenidas en cuenta y plantean problemas graves de movilidad europea. Un estudiante español que haya superado los 180 créditos ECTS debe poder realizar un máster de 120 créditos en otros países con organización 3+2 (3 cursos de grado y 2 de máster) y recíprocamente. Pero si el estudiante español ha finalizado un grado de 4 años debería poder realizar un máster de solo 1 año en otro país, aunque éste tuviera la organización 3+2, considerando los 60 ECTS de un año del grado como del máster. Y es solo un ejemplo.
            La misma virtud de la autonomía universitaria se transforma en problema sin solución y grave pecado sin perdón para los detractores de “Bolonia”: ¿cómo se van  a parecer y a facultar para ejercer profesionalmente en toda la U.E. unos estudios realizados en Almería. Oviedo o Salamanca con otros en Bolonia, Coimbra o Lovaina, si resulta que ya los españoles no se asemejan apenas entre ellos? Este problema sí tiene solución, aunque sea a largo plazo: la libre competencia, el libre mercado de servicios profesionales.
            El riesgo de mercantilización de la Universidad,  augurado por algunos, no parece ser próximo y, si las empresas estimulan la formación de los científicos y técnicos que necesita el moderno desarrollo económico de la sociedad, no puede juzgarse de mercantilismo, ni como negativo.
            Quizá el problema más grave con que tropieza “Bolonia” sea la natural resistencia al cambio, sin despreciar otros, evidentemente más objetivos. El cambio más significativo es el metodológico. Hasta ahora se había atribuido un peso muy relevante a la clase magistral y “Bolonia” intenta sustituirla parcialmente por un nuevo modelo en el que ya no prima tanto la explicación completa y sistemática de las materias, sino que deja un espacio notable al acercamiento personal a la ciencia, hasta tal punto que, de las aproximadamente 30 horas de cada crédito ECTS, solo 10 se plantean como lectivas siendo el resto trabajo del alumno, no simplemente de estudio tradicional sino también de elaboración de contenidos y de responsabilización de cada uno de su presencia en la Universidad. Se estima que el trabajo del alumno, dedicado a su formación, ha de ser del orden de 40 horas semanales, igual que el trabajo de cualquier persona en otras actividades sociales.
            Unido al anterior problema está la fuerte resistencia de muchos profesores a aplicar en la enseñanza superior los cambios metodológicos que dicen ya han fracasado en la secundaria y que son culpables de la caída del nivel educativo y de la preparación científica de los alumnos que llegan a la Universidad. Sin despreciar estas críticas hay que caer en la cuenta de que los cambios de métodos en la enseñanza no se han originado dentro de los sistemas educativos, han sido exógenos e impuestos por la evolución social. La educación, como parte inexcusable de la sociedad, ha tenido que adaptarse para poder conectar, motivar y ser aceptada. El profesor, que intenta hoy mantener la clase magistral como único recurso pedagógico, tiene el fracaso asegurado; como el sistema educativo, que se aleje significativamente en sus escalas de valores y bienes y en sus modelos de hombre, de lo que prima actualmente en la sociedad igualmente está condenado al fracaso. La educación puede promover escalones de superación, pero viables socialmente.
            Otro problema, que quizá no es problema pues se constituye como artificio en la “lucha contra Bolonia”, es la presunta privatización de la Universidad. La Universidad va a ser mucho más cara, eso sí, pero tanto en el sector público como el privado. Los gobiernos y las familias tendrán que dedicar más dinero a la formación de los estudiantes, pero, si esto favorece a algún sector, será al público que siempre podrá ofrecer en mejores condiciones económicas sus grados y master. Solo se verá favorecido el sector privado cuando la calidad de su oferta supere a la pública y eso solo se puede juzgar como bueno en un marco de saludable competencia.

El máster de Profesor

Uno de los cambios más significativos que introduce “Bolonia” es la exigencia de formación para ser profesor: cualquier titulación universitaria de grado y el máster de Profesor de Educación Secundaria, Primaria o … ¿Es un problema? Sí, todo cambio es un problema, es renunciar a un algo que se considera propio, para aceptar otro ajeno, es un sacrificio de parte de un yo más o menos constituido, más o menos individual o colectivo, para integrar otra parte nueva. Y más cuando ese elemento nuevo es más costoso en esfuerzo y en dinero. El CAP costaba unos 300 € y muy poco trabajo; el máster va a costar como mínimo 6000 € y 60 créditos ECTS, cada uno de al menos 25 horas de trabajo, aunque una licenciatura era de cinco años y un grado solo de tres o cuatro…
            Sin embargo, con las correcciones necesarias de los planteamientos iniciales, el Máster de Profesor es un acierto. Si los profesores exigimos a la sociedad una mejor consideración, debemos empezar por exigirnos una formación acorde con nuestros deseos profesionales de constituir la mejor función profesional que puede haber, la de educadores, la de facilitar el crecimiento integral de hombres y mujeres, la de ayudar a buscar lo bueno y verdadero, la de guiar a nuestros alumnos parar encontrar el camino de su autonomía como ciudadanos. Y para eso hay que saber mucho más que matemáticas o lengua; hay que saber ser profesor.
            Igual que el facultativo de la salud es el médico y se le respeta, considera y acepta es sus diagnósticos y terapias, el facultativo de la educación es, tiene que ser, el profesor con el mismo tratamiento social, que debe ganarse cada uno, y también colectivamente, en coherencia con formación y funcionalidad profesional.
            Pero un profesor, por excelente que sea, no puede ser profesor de “nada” y tiene que tener una formación científica adecuada, por lo que el máster tendrá que equilibrar sus 60 créditos ECTS entre contenidos específicos y tratamientos pedagógico-didácticos, cosa no clara en estos momentos.
            Desde el Colegio hemos ofrecido a todas las facultades, que programan este máster de Profesor, impartir los créditos correspondientes a la deontología profesional e incorporación a la vida activa laboral.
            Creemos, en resumen, que el proceso de Bolonia es una oportunidad de la Universidad Europea y Española para volver a tener el prestigio y a servir como lo hizo desde sus orígenes.

 

 

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