EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA

Entender a los adultos, lo más difícil para los alumnos.

         Es evidente que la asignatura Educación para la Ciudadanía nos ha dividido, no en su filosofía básica porque ¿cómo se va a cuestionar educar en el marco de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, propiciar hábitos de paz y justicia o proyectar respeto a nuestra casa planetaria? Nada de esto se cuestiona, pero la división está en la presunta elección parcial de contenidos en aspectos cuestionables de ética privada, en imponer a todos una forma de ver la vida, cuando hay otras igualmente válidas y respetuosas con los modos democráticos.

            De cualquier manera el error mayor, el daño más significativo para la educación es la lección de intolerancia y agresividad y, por tanto, de pobreza y egoísmo, que los adultos ofrecemos a nuestros hijos y alumnos. ¿Cómo van a entender los niños y adolescentes lo que estamos haciendo los adultos, peleándonos y tirándonos los trastos dialécticos a la cabeza? ¿Qué fuerza moral vamos a tener para educarlos en la comprensión, en la aceptación del que no piensa como nosotros, en el respeto al distinto, cuando intentamos imponer a todos “nuestra verdad”?

            Los alumnos no son personas impermeables bajitas, son esponjas de todo lo que oyen, ven y viven y en estos aspectos actitudinales su educación y aprendizaje son perceptivos muy por encima de cualquier otro mecanismo. Se impregnan y asumen en gran parte el conjunto de contravalores que entre todos hemos escenificado en el tema de la Educación para la Ciudadanía y es lamentable.

            Problemas prácticos se sucederán, sea cual sea la sentencia final sobre los recursos interpuestos por los padres de familia, que, como pasa frecuentemente en España hoy, será imponer a todos lo que se decida por mayoría, una mayoría que a veces es tan exigua como la que supone un solo voto. En temas básicos, como el que nos ocupa, la libertad debería ser más tenida en cuenta y el respeto a las minorías cualificadas más amplio.

            ¿Qué pasará con los alumnos que no han asistido a clase, si se desestiman los recursos? ¿Tendrán la obligación de presentarse a un examen? ¿Cómo verán y llegarán a entender a los adultos padres, a los adultos profesores y a los adultos políticos?

            En la práctica, como hay de todo en la viña y obviando estos problemas menores, que para el corazón y la mente de un niño pueden ser mayores, Educación para la Ciudadanía, aunque haya temarios oficiales, es y será lo que el profesor decida que sea y, si no el profesor, el Seminario o Departamento. Cuando el Proyecto Educativo del centro esté definido y bien publicado no habrá problema, porque los padres sabrán dónde y cómo están sus hijos, pero, si no es así, la asignatura estará a merced y bajo la responsabilidad del profesor que toque. Entonces, en función del ejercicio de su derecho de libertad de cátedra, los contenidos pueden entrar en colisión con los derechos y deberes de los padres respecto a sus hijos pequeños en cuestiones de ética personal privada.

            Las posturas de Partidos, Sindicatos y Asociaciones en general son de todo tipo y responden a sus ideologías y conveniencias. Es difícil encontrar alguna que se aleje del protagonismo centrípeto y analice estas cuestiones con objetividad. Quizá la más inteligente, quizá no la mejor,  es la de aquellos que, sin estar de acuerdo con todos los contenidos oficiales de la asignatura, han desistido de ofrecer oposición frontal y la han programado en sus centros de modo coherente con sus idearios, postura tolerada por el Gobierno del Estado, que también ha actuado con inteligencia en esta ocasión sin exigir exhaustivamente el cumplimiento de la ley.

            En el fondo la educación, aunque se empeñen en otra cosa con leyes, decretos, órdenes y reglamentaciones, no siempre acertados, será lo que todos queramos. Se sufren los desaciertos, pero poco a poco la sociedad, la vida, los diluye… Al campo no se le pueden poner puertas. ¿Qué pasó con los casi cuarenta años de la F.E.N., la célebre Formación del Espíritu Nacional franquista? ¿Sirvieron para algo aquellas puertas? No. Pues tampoco servirán las puertas artificiales, si ese es el caso, que pone al campo Educación para la Ciudadanía.

            Y el Colegio Profesional de la Educación, Doctores y Licenciados, ¿qué postura tiene en el debate público actual sobre la asignatura? Cada colegiado tiene su postura y toda postura es lícita y válida; en las encuestas y expresión de opiniones que se ponen de manifiesto, especialmente en las consultas de la Universidad de Otoño, aparecen con frecuencia las hasta aquí apuntadas, pero también otras, por tanto la postura colegial es NINGUNA Y TODAS.

 

Madrid, 4 de febrero de 2009

Colegio Profesional de la Educación

 

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