PEREGRINAS EN AVIÓN

 

Este año Santo Compostelano, 2010, algunas hemos optado por hacer el viaje en mayo y en avión.


          Estaba preparado un precioso recorrido en autobús con las paradas importantes y la opción de caminar desde el Monte del Gozo al Campo de la Estrella pero no hubo número suficiente de peregrinos y se anuló el viaje.   Esto no nos desanimó a quienes estábamos decididas a ir. Cerrada una ventana, se abre una puerta. ¿Nos iluminó la estrella compostelana? Quién sabe.

          Desde Barajas sin calabaza, ni concha ni bordón embarcamos en un avión de Spanair. Dejamos en tierra y a nuestra derecha la población peregrina navarra de Puente la Reina, las riojanas Logroño, Nájera, y no oímos el canto de la gallina de Santo Domingo de la Calzada. Tampoco llegamos a ver la catedral de Burgos ni las palentinas tierras de Frómista, Carrión de los Condes ni el río Pisuerga, ni en León Sahagún y Astorga. Imaginamos que dejamos la piedra en la Cruz de Ferro de Foncebedón, no desde lo alto del avión sino alargando el brazo todo lo que hizo falta para hacerlo con suavidad. Atravesamos Lugo por encima de Sarria donde hubo en la Edad Media una escuela de Trovadores. No dormimos en Palas de Rei pero una voz ya anunciaba que aterrizábamos en La Bacolla. Todo este recorrido en una hora. No hay duda que ganamos tiempo, algo tan preciado hoy. Allí nos esperaban y nos llevaron al Hostal.

          Objetivo alcanzado: Santiago de Compostela.

          La entrada a la Catedral era por la Puerta de Platerías y la salida por la plaza del Obradoiro. Con llovizna hicimos cola para atravesar la Puerta Santa, la Puerta del Perdón y dar el abrazo al Señor Santiago.

          En la misa de peregrinos dimos gracias por poder estar allí y rogamos por los que no vinieron sabiendo que les quedan meses para poder hacerlo. Disfrutamos con los cordeleiros que tan bien hacen volar el Botafumeiro y con las personas que allí compartían este acontecimiento tan santiagueño y ancestral. Aprovechamos para visitar la cripta y el museo, tan hermoso y tan nuestro. Paseamos por la Rua do Franco y los aledaños…pudimos redescubrir el corazón de Galicia, sin vislumbrar meigas y saboreando la gastronomía. Una tarde llovía tanto que tuvimos que estar tras los cristales contemplando ese don del cielo. Un dicho reza: en Santiago la lluvia es arte y el sol poesía. Pues a ratos disfrutamos del arte y en otros de la poesía, en sentido real y figurado. La calabaza y la concha van en el corazón, el bastón de peregrino imposible subirlo en el avión de Iberia, así que allí quedó para otro caminante.

          El próximo año Santo queda lejos. De momento a esperar, Dios proveerá.

                                             Madrid, junio de 2010 

Nieves Fenoy Gil

 

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